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¿Cuántos peatones y ciclistas tienen que morir para que las instituciones cumplan con sus compromisos en Movilidad Sostenible?

bicianimita chile

“Bicicleta blanca” o “bicianimita” en Chile en recuerdo de una víctima de la violencia vial motorizada. ¿Cuántos atropellos tiene que haber para que se cumplan los compromisos en movilidad sostenible?

La muerte de otro ciclista este pasado sábado, un usuario de bicicleta pública en Madrid atropellado por un todo-terreno de lujo con una conductora que se dio a la fuga, el atropello de una pareja en la rotonda de República Argentina con Salustiano Olózaga este viernes noche, un pelotón de ciclistas de carretera arrollado en Galicia hoy mismo con víctimas mortales… son terribles sucesos que vuelven a poner de manifiesto la urgente necesidad de actualizar el insostenible modelo de ciudad en que vivimos. Vuelve a evidenciarse cuánta voluntad política es necesaria para transitar de los fracasados modelos de gestión del Tráfico por los que se sigue apostando  (hasta ahora entendiendo como tal, en el fondo, el motorizado) a otros modelos que den respuesta a las necesidades de Movilidad de la ciudadanía (que no es únicamente “tráfico”), facilitando y priorizando desde la ordenación urbana aquellos medios de desplazamiento más colectivos, tranquilos, sostenibles y orientados al bien común.     (pincha para ver un ejemplo)

 

Desgraciadamente, sólo cuando sucede lo irreparable (y para muchos ni entonces), se ponen en evidencia los niveles de violencia motorizada con los que nos vemos obligados a convivir. No hay estadísticas ni maquillaje de datos  que enmascaren los insoportables niveles de atropellos y accidentalidad vial en nuestras atrasadas e hipermotorizadas ciudades.  Con la inestimable contribución de influyentes sectores (económicos, políticos, empresariales, de asociaciones clientelares…) empeñados en que nada mejore ni cambie en realidad, sin más respuesta a la crisis económica, política, ambiental y a la situación de emergencia social que atravesamos… que la restauración a costa de los más débiles del régimen vigente que nos ha traído hasta aquí. Sectores emperrados en poner el foco sobre que el factor más  peligroso del tráfico en las ciudades lo constituye… ¡la gente en bicicleta! O culpar a los peatones, que es que son muy despistados cruzando… y por eso hay atropellos. Siempre eludiendo lo más obvio: el sinsentido de seguir entregando la ciudad al coche.

 

Todo esto ocurre, claro está, también en Logroño:

(Fuente: nuevecuatrouno – Mapa de atropellos en Logroño)

126 atropellos solo en Logroño reconocidos por el Ayuntamiento el pasado año 2015, dos de ellos mortales. 36 atropellos a peatones hasta la fecha (25 de marzo) en 2016. Los atropellos a ciclistas ya sólo se consideran “colisiones”. Unos datos vergonzosos que el gobierno municipal no mostró durante meses pese a las reiteradas peticiones, pero no pasa nada, porque  en palabras del concejal del ramo, D. Miguel Sáinz García “el índice de atropellos estuvo por debajo del de 2014” ( …¡porque el año anterior hubo 124 atropellos en vez de 126!).  Lo importante debe ser que parezca que descienden, no que se atropelle a más de cien personas al año en Logroño. Atropellos que, en caso de ser a ciclistas, ya sólo son “colisiones con vehículos a motor” en los partes oficiales de SOS Rioja, normalmente la única fuente consistente de información. Más de 1,550 accidentes de tráfico anuales en los (poco fiables e incontrastables) datos oficiales, a falta de una base de datos de siniestralidad como ésta de Zaragoza de la que Logroño carece (y que también está prevista en ese PMUS que no se cumple). Pero para ellos, el peligro en la ciudad lo representamos los ciclistas, “la principal preocupación de los ciudadanos” (sic) en palabras del anterior concejal de Movilidad (!), y es en nosotros sobre los que hay que centrar las campañas, es a la gente que se arriesga y esfuerza a diario por una ciudad más limpia, más tranquila y con menos malos humos y no a la omnipresencia del coche en el centro de la ciudad para todo, es a nosotros ciclistas a quienes hay que sancionar, amonestar, reconvenir, coercer, reeducar y perseguir para solucionar los problemas del tráfico. Los atropellos no se solucionan contra-programando mediáticamente con los mismos vídeos que se anunciaron el año anterior (ver noticia) en idénticas circunstancias, y eso sólo cuando, ante la insistencia y la preocupación ciudadanas, los responsables se ven obligados a hacer públicos tan escalofriantes cifras de siniestralidad.

 

¿Qué hará falta para que Logroño salga del atraso de ser una ciudad para los coches?

 

No nos cansamos de advertirlo, desgraciadamente predicando a menudo en el desierto frente a un muro de incompetencia y prepotencia municipal. Desgraciados sucesos como los atropellos de nuestra “ciudad del motor” ocurren:

  • cuando se sigue creando demanda inducida de tráfico motorizado al centro de la ciudad en vez de potenciar el valor estancial, lúdico, comercial, político de los espacios peatonales. Cuando se vuelve a priorizar el acceso en coche en el centro, cuando no se fomentan facilidades que protejan la accesibilidad por medios tranquilos y  transporte colectivo.
  • cuando se obliga a las bicicletas a comportarse en toda circunstancia como vehículos a motor sin tomar en cuenta sus necesidades. Las bicis son vehículos, sí, pero con peculiaridades y vulnerabilidades propias que siguen sin contemplarse en la ordenación de la ciudad.
  • cuando se aplica a rajatabla y con evidente exceso de celo, en espacios compartidos de convivencia, la norma motorizada a los ciclistas, en vez de proteger los itinerarios seguros y lógicos que el uso y la experiencia han ido consolidando (como cuando, a base de no cumplir la ley aprobada y no ejecutar durante años las medidas aprobadas en el PMUS, intentan expulsarnos de Portales y otras calles de tráfico motorizado restringido a golpe de sanción).
  • cuando no se prepara la ciudad para la reducción de velocidades y la pacificación del tráfico (algo que no consiste en pintar señales en el suelo, sino que implica medidas urbanísticas),
  • cuando prácticamente toda intervención de movilidad ciclista se efectúa en detrimento del espacio peatonal, y en base a crear un conflicto artificial con los peatones.

 

Más allá, la ciudad seguirá atascada y estos lamentables sucesos seguirán ocurriendo:

Desgraciadamente, pese a las declaraciones y campañas institucionales, los hechos demuestran que, mientras las de alrededor evolucionan, nuestra ciudad sigue condicionada por una minoría involucionista de responsables políticos, acomodados cargos públicos y técnicos dispuestos a seguir sumiendo a Logroño en el atraso cochista. Responsables de las decisiones que, desde el cinismo, la opacidad y la impunidad de sus cargos, anteponen al sentido de lo común, a la seguridad de las personas y a la convivencia en respeto, ordenar la ciega aplicación estricta de regulaciones inadecuadas y obsoletas, a todas luces diseñadas pensando únicamente en el tráfico motorizado. En vez de recomendar adecuar la regulación de la calle al uso lógico y real que ya se hace sin demasiados problemas a diario, prefieren bloquear las soluciones con la búsqueda de impedimentos técnicos retrógrados en vez de aplicar intervenciones urbanísticas sencillas y de eficacia demostrada en muchos países durante décadas, soluciones  más que inventadas y probadas. Prefieren presentar la bicicleta en la ciudad como origen del peligro y conflicto, y enfrentar a peatones y ciclistas en vez de impulsar las calles tranquilas, la mejora del espacio público y la ciudad amable.

Prefieren mantener el insostenible modelo automovilístico actual de mera  gestión del tráfico, la ciudad para el coche y el asfalto. Prefieren reducir al mínimo e incumplir las planificaciones de sostenibilidad para la ciudad aprobadas en Pleno municipal, desconsiderar los esfuerzos de participación ciudadana y obstaculizar las peticiones de los usuarios. ¡Aún siendo ellos mismos ciclistas! Ciclistas, quizás, de fin de semana y no ciclistas urbanos como medio de transporte habitual,  pero que también sufren atropellos, casi siempre aún más graves, en las carreteras cada semana. Aún así…

Prefieren, en definitiva, seguir esperando a que ocurra otro accidente.